miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA VIOLENCIA OTRA VEZ

Curiosa imagen en las noticias de esta mañana. Ahí está el video.




En resumen: mientras el presidente palestino, Mahmoud Abbas, hacía su discurso en la ONU
a favor de la paz y contra el enfrentamiento violento y armado entre israelitas y palestinos,  el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, intentaba entrar por una puerta no permitida para escuchar la intervención lo antes posible. 
Los agentes de seguridad de la ONU se lo impidieron, señalándole la puerta adecuada pero el bueno de Erdogan hizo como todos hemos hecho algunas veces, y decidió que las normas no están hechas para él y que cada cual puede decidir por dónde entra, sale, pasa o deambula. Esa manía nuestra tan humana de pensar que quienes hacen su trabajo intentando que las normas mínimas de convivencia se cumplan, en realidad están allí para ser ignorados. 
Esto pasa en la cola de cualquier super, a la hora de querer entrar al metro en hora punta, al pedir mesa en un restaurante lleno... e incluso cuando pensamos en el maestro o el profesor de nuestro hijo o hija...

Ciertamente, no hay aún una versión oficial de lo ocurrido, pero parece que esa entrada que Erdogan quería hacer suya es la destinada a la sala de los visitantes, que además, estaba llena. Pero eso, finalmente, no es lo importante. Lo que importa es que a puñetazo limpio unos y otros, se tiraron por el suelo en los mismísimos pasillos de la ONU, con costillas lesionadas y algo de sangre en la alfombra.
Eso sí: todo por escuchar un discurso a favor de la paz.

Madre mía....

jueves, 22 de septiembre de 2011

MEDIOCRIDAD, MEDIOCRES


Cito textualmente:
"El profesor J. L. González de Rivera y Revuelta señala la existencia de individuos que manifiestan una ausencia total de todo tipo de interés, aprecio o aspiración hacia lo excelente, situación esta que puede dar lugar a cierto tipo de patología que engloba bajo el término general “trastorno de mediocridad”. El autor señala tres tipos de mediocridad: simple, inoperante y, por último, una especialmente peligrosa denominada "mediocridad inoperante activa”.  El sujeto afectado por el síndrome de mediocridad inoperante activa (MIA), tiene grandes deseos de notoriedad. Despliega una gran actividad que no sirve para nada, es decir es totalmente inoperante, generando gran cantidad de trabajo inútil que impone a los demás, destruyendo así su tiempo e intentando introducir todo tipo de controles y obstáculos destinados a dificultar las actividades realmente creativas".
¿Cómo lo ves? ¡Ahora resulta que es un síndrome! Por si acaso estás tentado de recorrer mentalmente el nombre y la cara de tus compañeros de trabajo, vecinos, familiares y amigos, recuerda que suele ser mucho más útil descubrirnos a nosotros mismos en algunas de estas actitudes patológicas. Y por supuesto, si fuera posible, pedir ayuda o darnos un tiempo para cambiar este dichoso síndrome por aquella otra consigna tan sana y evangélica: "hacer fácil el camino a los demás".

martes, 20 de septiembre de 2011

CUENTA CONMIGO... ¡Y CANTA!



¡Aquí está el nuevo lema pastoral de las Claretianas para el curso 2011-2012!
Un año más, con canción original de Alvaro Fraile.
¿Todavía no te la has aprendido?

LA FELICIDAD Y LOS CIENTÍICOS



Resulta que ahora los científicos han demostrado que la felicidad -eso que todos buscamos y perseguimos de la forma que sea- depende más de la serenidad interior y de un tiempo diario de meditación -oración- , que de la cantidad que tengas en el banco, las palmaditas en el hombro que recibas o la colección de "conquistas" de fin de semana que puedas comentar.
Quizá si lo cuenta un presentador de la tele, quien lo "demuestra" es un científico y quienes sirvieron como objeto de estudio son monjes budistas, nos suene más creíble y amable que si recordamos la insistencia de estas recetas tan sencillas en nuestra tradición cristiana. Así están las cosas.
Lo dicho: elijas el método que elijas, lo digan los científicos o no, la historia de la humanidad muestra -no demuestra- que grandes hombres y mujeres han sido felices, muy felices y muy humanos, a pesar de haber tenido enormes dificultades, persecuciones, incomprensiones... Y todo porque vivían convencidos de que todo no termina aquí, en la piel y el hueso, en la materia, en lo visible, en lo contante y sonante. Convencidos de que lo más importante nos lo jugamos "dentro", buscando cada día la armonía y la lucidez con nosotros mismos. 
Y para eso, nada tan eficaz como dedicar unos minutos al día al silencio, a  repasar las cosas con el corazón y la mente, a tomar conciencia... Y en nuestro caso, además, a gustar del misterio que supone saberse habitados en ese adentro, por Quien tan bien nos conoce y tanto nos ama.

sábado, 17 de septiembre de 2011

LA BONDAD DE DIOS NOS IRRITA.... A VECES

Domingo XXV T.O. ciclo A - Mt 20,1-16a

¡Que levante la mano el que no se sienta identificado con estos viñadores que protestan! Es que esta parábola nos descuadra totalmente, nos desconcierta este Dios nuestro y su concepto de justicia. ¿No te deja incómodo el descubrir que la justicia de Dios sea tan distinta a la nuestra? Querríamos que Dios actuara como nosotros, con proporción: a cada uno lo suyo, en función de las horas trabajadas, etc. En cambio, la justicia de Dios aparece aquí como una desproporción total, y encima Jesús en la parábola lo llama “generosidad”. ¿No será que nosotros estaremos igualando generosidad e injusticia? Resulta que amor de Dios -su generosidad- es desproporcionada, es un regalo inmerecido para todos. Lo podemos comprender mejor desde el versículo clave: “¿vas a tener envidia porque yo sea bueno?” Si la generosidad nos irrita, mal asunto: ¿no será que nos mueve la envidia? Resulta que la recompensa de Dios es un don, no el fruto de nuestros esfuerzos: ¡es un regalo! 

Por otra parte, el Señor nos llama a salir de los cálculos y las exigencias, que son una trampa. Lo mismo que el Padre ha sido generoso con nosotros, hemos de ser nosotros generosos con los demás. 



(Por Evelyn Velasco, misionera claretiana, en www.acompasando.org)