
Ciertamente, es muy significativo. Es preferible disfrazarse, dejar de ser tú mismo, ocultar tu rostro, jugar con los espíritus como si un mundo mágico y caprichoso nos envolviera, reirnos de la muerte y de la vida, tomarnos a broma lo que somos y lo que seremos... En definitiva, preferimos no mirar a los ojos cuando los temas son tan densos y tan nucleares como la vida o la muerte.
No pasa nada. No hay que vivir siempre con una profundidad del 100%. Quizá no lo soportaríamos. La vida tiene una densidad que nos desborda si estamos atentos a ella. Pero claro, una cosa es tomarnos respiros, sorbos de distracción... y otra cosa es vivir distraidos.
Celebrar la fiesta de todos los santos en lugar de la fiesta de las brujas significa que no miramos la muerte y la vida como mero espectáculo, como relación de dos mundos mágicos y arbitrarios.
No: todos los santos son los hombres y mujeres que a lo largo de la historia han vivido a tope, a pleno pulmón, con todas las de la ley. Sin mediocridad. Sufriendo a tope. Gozando a tope. Sin medias tintas. Y eso, por supuesto, te hace feliz. Bienaventurado, que es lo mismo, en el lenguaje de Jesús. Pero feliz a la manera del Evangelio:
Felices los pobres en el espíritu... los que lloran... los sufridos... los que tienen hambre y sed de la justicia... los misericordiosos... los limpios de corazón... los que trabajan por la paz... los perseguidos por causa de la justicia... los que son insultados, calumniados y perseguidos por la causa de Cristo (cf Mateo 5, 1-12a)