martes, 26 de mayo de 2009

Domingo de Pentecostés (comentario joven)

31 de mayo: VII DOMINGO DE PASCUA: PENTECOSTÉS (Jn 20,19-23)


Terminamos hoy el tiempo de Pascua. El domingo pasado veíamos a Jesús volver al Padre, separarse físicamente de sus discípulos para comenzar una forma nueva de relacionarse con nosotros. ¿Cuántas veces te has muerto de ganas por estar un rato con alguien a quien quieres mucho? ¿Cuántas veces hubieras dado cualquier cosa porque Dios se te hiciera presente de un modo tan claro y contundente que no te dejara duda alguna de que está contigo? Algo así creo que sintieron los primeros discípulos al ver que Jesús se iba... ¡Qué envidia de esa nube! Y encima, por si fuera poco, ¡les encarga ir por todo el mundo, anunciar el Evangelio, soportar todo tipo de venenos, pruebas, persecuciones, desalientos...!

Pero, Señor, ¿cómo va a ser esto posible?

O dicho de otro modo, tal como aparece en el Evangelio de hoy, me puedo preguntar, como los primeros discípulos:
¿Por qué tengo tanto miedo a tantas cosas? ¿por qué me cierro en banda a lo de fuera, al futuro, a lo que está por venir? ¿por qué sabiendo claramente lo que deseo y lo que más quiero, no siempre tengo la fuerza y la decisión para llevarlo a cabo? ¿por qué sabiendo que Jesús está siempre conmigo y me cuida y me envía, me siento tantas veces sola, sin sentido, sin misión alguna? ¿por qué miro hacia dentro y tantas veces sólo percibo vacío, desolación, violencia, encogimiento?...
Y volví a leer el Evangelio de hoy, Pentecostés.
Y vi cómo Jesús se plantaba en medio de sus tristezas y temores y les daba su paz. ¡Y les mostraba sus heridas, en carne y hueso, carne resucitada, pero carne al fin y al cabo, como yo misma! Y entonces, llegó lo mejor: les dio su aliento, su Espíritu. Noté en mí su aliento vivificador... ¡es verdad!
Cerré los ojos y cambiaron mis preguntas:
¿Por qué soy capaz de seguir caminando cuando estoy tan cansada? ¿por qué sigo respetando a determinadas personas que no me reconocen ni valoran?, ¿por qué aún cuando las cosas se ponen difíciles sigo apostando por el Reino y por el Dios de la vida que me hace feliz sobre todo lo demás? ¿por qué cuando impera el desorden, la violencia, el sálvese-quien-pueda y el escaqueo absoluto, hay algo en mi interior que tiernamente me hiere y me empuja y me dice: sé fiel, estoy contigo?...

Quizá sea porque el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo de Dios está conmigo. Con nosotros.
Así, sí es posible. Me la juego en abrirte el corazón. Yes, we can...

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